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Cuando el último mes de gestación ocurre fuera del útero: consideraciones sobre neurobiología temprana y prematuridad

Durante décadas, la supervivencia del recién nacido prematuro fue el principal objetivo de las unidades neonatales. El extraordinario avance tecnológico de la neonatología permitió que un número creciente de bebés prematuros sobrevivieran y evolucionaran favorablemente. Yo fui una de ellas.Hablamos del año 1981.

Sin embargo, en mi creciente interés sobre el desarrollo de la neurociencia basada en el desarrollo me surgió una pregunta: ¿qué sucedió cuando parte de mi proceso de maduración neurobiológica previsto para que yo estuviera confortablemente en el entorno intrauterino de mi madre tuvo lugar en un contexto extrauterino con unas condiciones alejadas de lo naturalmente biológico y con carácter artificial?

Mi curiosidad no iba en la línea de patologizar la prematuridad o asignarla un papel determinista  Mis preguntas estaban basadas en saber qué sistemas se encuentraban aún en pleno proceso de organización durante las últimas semanas de gestación y qué implicaciones podría tener el hecho de que ese desarrollo continuase en un entorno sensorial y fisiológico radicalmente diferente al vientre materno?

Las líneas que comparto a continuación son fruto de algunas de esas investigaciones y conclusiones personales. 

Las últimas semanas de gestación: un período de organización neurobiológica intensiva

Entre las semanas 34 y 40 de gestación tiene lugar una etapa especialmente relevante desde el punto de vista neurobiológico para el/la bebé.  Se produce un proceso acelerado de maduración, integración y organización funcional. Es decir, durante estas semanas se producen:

  • un aumento significativo del volumen cerebral
  • una intensa proliferación y reorganización sináptica
  • avances en los procesos iniciales de mielinización;
  • la consolidación progresiva de redes funcionales
  • una creciente integración entre sistemas sensoriales y reguladores.

El cerebro fetal de un bebé no prematuro no es un cerebro «más grande» que el de un bebé prematuro pero sí es un cerebro que ha continuado organizando su funcionamiento en un contexto fisiológico altamente especializado y biológicamente preparado.

El útero como entorno neurobiológico específico e irremplazable

El entorno intrauterino materno constituye un contexto extraordinariamente regulado desde el punto de vista sensorial y fisiológico y es irremplazable, del mismo modo que la IA no puede reemplazar un sistema nervioso humano.

El feto, en el vientre recibe una estimulación vestibular continua derivada del movimiento materno: cada cambio postural, cada desplazamiento y cada modificación en el centro de gravedad generan información relevante para el sistema vestibular en desarrollo del bebé.

Asimismo, este entorno uterino proporciona:

  • contención física permanente
  • presión táctil relativamente uniforme
  • límites corporales constantes;
  • flotabilidad y soporte mecánico particulares
  • una experiencia gravitacional confortable distinta a la extrauterina en incubadora.

Además, desde el punto de vista auditivo, predominan sonidos graves y rítmicos: latido cardíaco materno, respiración, flujo sanguíneo y la voz materna -idealmente amorosa- filtrada a través de tejidos y líquido amniótico. A todo esto se une que la estimulación visual es mínima y altamente atenuada.

El conjunto de estas condiciones configura un nicho neurobiológico naturalmente adecuado y específico para la mejor organización del sistema en desarrollo del bebé.

Aprender donde termina el propio cuerpo

El sistema vestibular es uno de los sistemas sensoriales funcionalmente activos durante la vida fetal tardía. Su papel resulta fundamental en la regulación del equilibrio, la orientación espacial, el tono postural y la coordinación entre información visual, propioceptiva y motora.

El nacimiento prematuro implica una modificación abrupta de la calidad de esta estimulación.

Esa experiencia vestibular intrauterina continua y rítmica, es sustituida por entornos de incubadora sin embargo, que incluía en los años 70-80:

  • períodos prolongados de inmovilidad
  • manipulaciones intermitentes y de carácter funcional
  • cambios posturales artificiales
  • nuevas demandas gravitacionales.

Diversos estudios han señalado que algunos niños y niñas nacidos prematuramente presentan una mayor probabilidad de mostrar diferencias en el procesamiento vestibular y en determinadas funciones motoras, incluyendo aspectos relacionados con el equilibrio, la coordinación y la integración visomotora. Si bien estas asociaciones son heterogéneas y están moduladas por múltiples variables clínicas y ambientales posteriores, la influencia inicial cuanto mínimo, pudo haber sido relevante.

Organización sensoriomotora y experiencia de contención

Durante las últimas semanas de gestación, la experiencia corporal del feto se desarrolla en un contexto de contención física continua, el útero materno funciona de cobijo y protección contenida tanto físiológica como sensoralmente.

El contacto permanente con las paredes uterinas proporciona abundante información táctil y propioceptiva acerca de los límites corporales, la postura y el movimiento ritmico.

A menudo pensamos en el útero como un espacio de protección. Pero desde la neurobiología del desarrollo, el útero es también un entorno activo de estimulación y regulación.

El bebé se desarrolla siendo contenido y regulado: escucha un paisaje sonoro predecible dominado por el latido cardíaco, la respiración y la voz materna amortiguada por el líquido amniótico. Recibe movimiento constante a través de cada paso que da la madre. Experimenta una presión uniforme sobre su cuerpo. Permanece en penumbra.

Todo ello proporciona información al sistema nervioso en un momento particularmente sensible del desarrollo.

La transición hacia el entorno neonatal en inclubadora de forma abrupta, sin haber llegado a término la organización del sistema dentro del vientra materno, puede suponer, una modificación significativa de esta experiencia. Especialmente en las unidades neonatales de décadas anteriores, en las cuales el/la bebé podía pasar largos períodos en incubadoras con menores niveles de contención postural específica y menor o casi nulo contacto piel con piel. Además de las implicaciones basadas en el apego a través de la lactancia, que no me daría para explicar en profundidad en este artículo.

Precisamente por ello, muchos programas contemporáneos de cuidados centrados en el desarrollo incorporan estrategias de posicionamiento y contención destinadas a aproximarse, en la medida de lo posible, a determinadas características del entorno intrauterino.

Regulación autonómica y maduración fisiológica

Otro de los procesos relevantes durante la gestación tardía es la progresiva organización del sistema nervioso autónomo.

Durante este período continúan madurando mecanismos relacionados con:

  • la estabilidad cardiorrespiratoria
  • la regulación térmica
  • la coordinación de estados sueño-vigilia
  • la modulación de respuestas fisiológicas ante estímulos.

La prematuridad implica que parte de estos procesos se desarrollen en un contexto en el que el organismo debe asumir demandas para las que todavía estaba en proceso de maduración.

Diversas investigaciones han encontrado diferencias en indicadores autonómicos en poblaciones nacidas prematuramente, incluyendo medidas relacionadas con la variabilidad de la frecuencia cardíaca y con la organización de la respuesta fisiológica al estrés. No obstante, es importante señalar que la magnitud y persistencia de estas diferencias muestran una elevada variabilidad individual.

Exposición sensorial en las unidades neonatales tradicionales

Las unidades neonatales de las décadas de 1970 y 1980 se estructuraban prioritariamente en torno a objetivos de supervivencia y estabilidad médica.

En este contexto, los recién nacidos prematuros podían verse expuestos a:

  • iluminación intensa y continuada;
  • ruido ambiental elevado;
  • alarmas frecuentes;
  • procedimientos médicos repetidos;
  • interrupciones del sueño;
  • escasa participación parental en los cuidados.

Actualmente se reconoce que la calidad del entorno sensorial constituye una variable relevante para el neurodesarrollo temprano, lo que ha impulsado la implantación de programas orientados a reducir la sobreestimulación y favorecer experiencias más ajustadas al nivel madurativo del recién nacido.

Prematuridad y neurobiología del desarrollo

La evidencia disponible no permite establecer conclusiones sobre los efectos predeterminados asociados al nacimiento prematuro con ingreso en incubadora. Las variables son infinitas y los estudios longitudinales en su momento no eran viables.

Sin embargo, sí resulta razonable considerar que las últimas semanas de gestación representan un período particularmente sensible para la organización de sistemas implicados en la regulación fisiológica, la integración sensorial y el desarrollo sensoriomotor.

Desde esta perspectiva, la prematuridad puede entenderse como una transición anticipada hacia un entorno neurobiológicamente distinto y artificial durante el desarrollo de la evolución del bebé.

El objetivo actual gracias a toda la investigación basada en la neurología del desarrollo, la teoría del apego, y más recientemente las aportaciones de la teoría polivagal en la co-regulación del sistema nervioso, nos lleva a tomar conciencia sobre que el énfasis  ya no consisten únicamente en garantizar la supervivencia del recién nacido prematuro, sino también en comprender qué condiciones favorecen una organización óptima del neurodesarrollo fisiológico, sensorial y afectivo cuando una parte de este proceso debe producirse fuera del útero materno.

Este artículo, lejos de ser determinista, invita a no perder de vista la relevancia de los contextos biológicos en los que dicho desarrollo del bebé tuvo sus primeras circunstanclas vitales, para crear entornos cada vez más conscientes y sensibles a estas experiencias. 

 

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