La infancia no se mide por eventos, sino por sensaciones internas. Y esas sensaciones quedan impresas en el cuerpo como pequeñas huellas y que, a menudo, responden como un resorte y de forma inconsciente.
Cuando en terapia abordamos el presente desde los eventos más significativos de la infancia del/ la paciente , a menudo percibo como el cuerpo me revela una información diferente a lo que la boca expresa: hombros caídos, mirada desviada, un torso tenso e inclinado hacia adelante o una respiración que parece pedir permiso.
Patrones infantiles en cuerpos adultos
Quizá te suene: te cuesta confiar, aunque desees hacerlo, te esfuerzas demasiado por no decepcionar, sientes culpa sin saber por qué, o te descubres actuando como si aún tuvieras que ganarte el cariño de alguien.
Son patrones antiguos que quedaron encapsulados a modo de coraza para proteger el vínculo con nuestros cuidadores y que, a día de hoy, los repetimos de manera automática influyéndonos a día de hoy en nuestras relaciones y en cómo percibimos el mundo y a nosotros/as mismos.
El cuerpo como archivo emocional
Hay personas que al empezar una sesión sienten una presión en el pecho. Otras que no logran identificar lo que sienten, sólo vagas sensaciones sin habitar. Otras se sorprenden llorando “sin motivo” y con vergüenza por hacerlo. Pero el cuerpo no exagera. El cuerpo recuerda y necesita expresar lo que no pudo ser conscientemente vivenciado.
La terapia corporal y el enfoque Gesalt permiten acercarte a esas memorias somáticas sin forzar, entiendo las resistencias como formas creativas que cada persona aprendió para lograr sobrevivir y asegurar su pertenencia.
Las heridas que no recuerdo. Mi infancia fue normal, pero…
En un lugar de mi cuerpo, de cuyas heridas no quiero acordarme… así podría reescribir el inicio de el famoso libro El Quijote, hablando desde la terapia somática y el trauma del desarrollo.
Gestalt: conciencia donde antes había reacción
En la terapia Gestalt no buscamos interpretar. Buscamos atestiguar desde la presencia.
Preguntas como: ¿Qué parte de ti está hablando ahora? ¿Qué edad tiene esa sensación?¿Qué necesitaba esa niña o ese niño en ese momento?
He visto personas descubrir que aquello que creían “defectos” eran en realidad
estrategias que necesitaron y que les ayudaron a asegurar sus necesidades biológicas y emocionales. He visto a adultos/as abrazar las partes internas que durante años intentaron esconder.
Y he visto cómo, cuando el cuerpo siente que puede usar la energía vital no sólo para protegerse sino para disfrutarla, la vida se vuelve más ligera, más auténtica, más propia.
Las heridas de la infancia duelen, sí. Pero también pueden convertirse en oportunidad asombrosa de crecimiento y auto amor compasivo, cuando son acompañadas, desde el cuerpo y con la conciencia del momento presente.

