La teoría polivagal, aunque el nombre suena técnico, describe algo que todos los seres vivos experimentamos desde muy pequeños: los caminos que toma el cuerpo cuando necesita sentirse a salvo.
Tu cuerpo es una antena muy entrenada
Cuando estás ansioso/a es tu sistema nervioso interpretando un estímulo como una posible amenaza, real o imaginaria. Interna o externa: a veces es un tono de voz, una mirada, una falta de información importante para ti.
Tu cuerpo elige entonces entre:
- Activarse (lucha/huida)
- Apagarse (colapso)
- Abrirse y relajarse (seguridad)
Y cada estado tiene un lenguaje propio, pero que al ser inconsciente no le hemos prestado la atención necesaria.
La ansiedad tiene un mensaje para ti
Una dinámica de la Gestalt que suelo hacer en terapia es la de la silla vacía, donde el/la paciente coloca a su ansiedad enfrente suya y comienzan un diálogo. Suelo invitarles a preguntar: “si tu ansiedad pudiera hablar… ¿qué diría? E insisto en que dejen que la respuesta aparezca no desde la mente, sino desde el cuerpo.
Es muy bello escuchar a la ansiedad decir:
“Necesitas ayuda.”
“Quiero que descanses.”
“Te da miedo no estar a la altura”
Y cuando pueden escuchar esa voz interna sin luchar contra ella, empieza a pasar algo distinto: su sistema nervioso comienza a bajar la guardia y atendemos la historia biográfica de esa memoria corporal y emocional cuya mensajera era la ansiedad.
Pequeños gestos
Regular nuestro sistema nervioso no requiere de grandes técnicas pero sí de mucha conciencia. A veces podemos reiniciarnos con unos sencillos movimientos sutiles como: sentir cómo tus pies tocan el suelo, apoyar la mano en el pecho o el abdomen, abrir la mirada hacia los laterales descomprimiendo las cervicales o dejarse mecer por largas y profundas respiraciones.
Son mensajes que parecen nimios pero que día tras día de práctica le van transmitiendo a tu cuerpo: “Aquí y ahora: no hay peligro.”
No es sólo ciencia teórica
La teoría polivagal no es solo ciencia: es una invitación.
A escucharte, a respetar tus límites, a comprender que tu cuerpo no te está fallando, sino protegiendo. Como pudo, como supo. Y ahora puedes aumentar los registros y rutas para devolverle la seguridad perdida.
Regresar a ti no siempre es un camino fácil, pero sí es un camino posible y necesario. Y no tienes porqué hacerlo en solitario.
Es probable que lo hayas sentido alguna vez: ese momento en el que tu respiración se entrecorta, tu pecho se cierra como si fuese una cremallera apretada y sientes como si el mundo alrededor se volviera demasiado rápido para ti. A eso solemos llamarle ansiedad.
Pero, también es tu sistema nervioso intentando cuidarte, a modo supervivencia.
Las buenas compañías
El sistema nervioso tiene un secreto: se regula mejor acompañado. Parte de nuestros traumas del desarrollo en la infancia tiene que ver con el no haber sido acompañados/as en situaciones nuevas, confusas o donde nuestros sistemas nerviosos no sabía cómo interpretar lo que sucedía ni qué hacer con las sensaciones internas que estaba experimentando.
Así pues, la presencia de alguien que te mira con calma, que respira contigo, que no te exige estar bien ni ir más deprisa de lo que puedes en ese momento: puede cambiar por completo la experiencia interna.
Sanar la ansiedad no es “vencerla” o aprender a “controlarla”, sino aprender escucharla, entrenar la tolerancia interna y acompañarte (y/o dejarte acompañar) mientras sucede.
