El mensaje debajo del discurso
Es muy frecuente observar cómo lo que realmente nos afecta en una conversación difícil no es el contenido de lo que se dice, con el que se puede estar incluso de acuerdo, sino el tono, la intención y la energía con la que se transmite el mensaje. Estos rasgos invisibles que están bajo el discurso son los que, de forma inconsciente, provocan que el cuerpo se relaje y se abra, o bien que se cierre y se tense.
Te pongo un ejemplo por si te resuena:
Tú dices algo que te molesta y tu pareja se pone a la defensiva. Ante su defensa intentas explicarlo otra vez, tu pareja a más le explicas más se cierra y se retira. Quedáis atrapados en el patrón de desgaste emocional.
Y os preguntáis:
“¿Cómo puede ser que nos queramos tanto y a la vez nos cueste tanto a veces encontrarnos?”
La terapia somática responde de manera concisa a esa pregunta: porque vuestros cuerpos están hablando un lenguaje que ninguno aprendió a interpretar y del que muchas veces no somos conscientes cuando nos comunicamos verbalmente.
En una vida cotidiana en la que estamos en alta intensidad y vorágine, nuestros cuerpos están en estados de alerta, de hipervigilancia y esas tensiones que pasan desapercibidad, terminan volcándose en conversaciones abusurdas sobre quién dejño mal colocado el cepillo de dientes.
Aprender de forma conjunta a encontrarse y hablar un mismo lenguaje no sólo desde la mente sino desde el lugar donde empieza toda conexión: el cuerpo, es una de las herramientas de terapia de pareja más necesarias en el mundo frenético en el que vivimos.
La sincronización de la respiración por ejemplo, es de gran ayuda para aprender a regular el sistema nervioso, disminuir la agitación emocional y poder comunicarse desde las necesidades reales.
A veces basta con algo tan simple como colocaros uno frente al otro, colocar una mano en el corazón del otro, cerrar los ojos y notar cómo respiráis.
He visto parejas que llevaban meses discutiendo y al sincronizar la respiración durante dos minutos al día en 20 días han comenzado a sonreírse, llorar, o simplemente empezar o simplemente bajar los hombros y decir: “Estoy aquí y lo hago lo mejor que sé”.
Hay una parte de nosotros que no se abre con palabras, sino con una presencia segura.
El cuerpo expresa la verdad del vínculo
En las sesiones, a veces invito a las parejas a permanecer con ojos cerrados y respirando profundamente mientras su pareja está exponiendo algo que le ha molestado o dolido recientemente.
Entonces le pregunto:
¿Qué estás sintiendo cuando tu pareja habla? ¿Dónde lo sientes en el cuerpo? ¿Sientes expansión o contención? ¿Desde dónde está respondiendo tu cuerpo desde la escucha para conocer las heridas de tu pareja o desde la defensa?
Y en esas preguntas aparece una verdad más honesta y consciente que cualquier otro argumento mental.
Muy a menudo las parejas llegan a mi terapia con una frase recurrente:
“Nosotros no es que no hablemos, es que no nos entendemos”. Y mientras lo dicen, puedo observar sus cuerpos: mandíbulas tensas, respiración superficial, miradas que se buscan y se esquivan al mismo tiempo, cuerpos que se inclinan hacia el lado contrario de la pareja.
Son gestos sutiles pero que reflejan que la desconexión emocional en la comunicación no empieza en el lenguaje no verbal, sino en el cuerpo. Porque para poder comunicarnos abierta y honestamente hemos de sentirnos seguros en presencia del otro.
Volver a sentir para volver a confiar
El Breathwork, o trabajo de respiración, en pareja te enseña a escuchar qué necesita tu cuerpo y el de tu compañero/a para sentirse seguro/a y confiado/a.
En eso consiste la terapia de pareja somática con breathwork : en reaprender construir un vínculo donde poder expresarse el uno al otro: “Puedes descansar conmigo.”
